
Barcelona es un viejo árbol cuyo tronco ha crecido durante más de dos mil años de historia. En el centro de este tronco hoy esta el Barrio Gótico.
Las calles son estrechas, en esta zona situada a la derecha de la Rambla, si caminamos desde el puerto hacia la Plaça de Catalunya. Como resultado, sus edificios, con el sello de tiempo y la humedad grabados en sus fachadas, están bañadas por una luz tenue y dorada, que toca las aceras por sólo unas pocas horas al día.
Esta ciudad que data del período romano, es un reflejo de la fuerza catalana en todo el largo y ancho del mundo mediterráneo, aún conserva un gran centro urbano, una serie de edificios históricos muy grandes e impresionantes.
Entre ellos se cuentan la catedral de la ciudad y el Palau Reial Major (símbolos, respectivamente, de los poderes religiosos y mundanos) aún en buenas condiciones de uso. Al igual que el Palau de la Generalitat, la sede del Gobierno catalán, y el Ayuntamiento, sede de la autoridad local de la ciudad, así como las hermosas iglesias góticas del Pi o la de Sant Felip Neri, la Mercè o la iglesia gótica de Pi.
Junto a estos edificios singulares, el Barrio Gótico conserva una vitalidad de siglos de antigüedad. Esta vitalidad de antaño se manifiesta y es sostenida por el comercio de diversos gremios (zapateros, sastres, caldereros, plateros, veleros, etc.) que trabajaban y vivían en sus calles solitarias, y que en muchas ocasiones les dieron su nombre.
Esa vitalidad se conserva hoy en día por las tiendas, bares, restaurantes y hoteles situados en sus edificios históricos, así como un flujo constante de visitantes extranjeros.
photo credit: Stephan Geyer